Mucho se habla de la Iglesia Católica. Hay escándalos de abusos y de manejos financieros que nos indignan y entristecen a todos. También hay historias mal contadas sobre la Santa Inquisición y otras totalmente falsas como la supuesta quema de Galilei. Además, el desconocimiento de las enseñanzas del Catecismo hace que muchos critiquen a la Iglesia por posturas y doctrinas que, en realidad, no existen.
Pero de lo que pocos hablan es del bien que la Iglesia hace por el mundo. Y por bien hay que entender no solamente el bien espiritual, siendo que la misión de la Iglesia es anunciar el Evangelio al mundo, sino también el bien material que el propio Cristo predicó en Mateo 25.
Para ello basta revisar las cifras oficiales de la Agencia Fides:
- La Iglesia opera 221 mil centros educativos donde se educan 62 millones de niños y jóvenes en el mundo, desde el jardín de infantes hasta el bachillerato.
- En las universidades de la Iglesia Católica se forman 3.8 millones de futuros profesionales.
- Con más de 5,200 hospitales y casi 15 mil dispensarios médicos, la Iglesia Católica es responsable por los cuidados de salud de más del 25% de los enfermos del mundo, es decir 1 de cada 4.
- La Iglesia mantiene también más de 15 mil asilos para la tercera edad, enfermos crónicos y personas con discapacidad, 9,300 orfanatos, 10,700 guarderías, 3,200 centros de rehabilitación y 12,300 centros de ayuda a parejas.
Nuestra ciudad no es la excepción. En un año de labores, la Red de Dispensarios Médicos REDIMA de la Arquidiócesis de Guayaquil atiende a más de 20 mil niños, 6 mil jóvenes, 75 mil adultos y 145 mil adultos mayores, incluyendo más de 50 mil atenciones ginecológicas y 6 mil pediátricas. En la Red de Escuelas Arquidiocesanas REA, compuesta por unidades educativas, estudian niños y jóvenes.
Iniciativas como el Banco de Alimentos Diakonía, primero en el país, han llegado a más de 12 mil personas en sectores marginales, distribuyendo más de 500 toneladas de comida; el recientemente inaugurado Centro Terapéutico San Juan Pablo II acoge y rehabilita a adolescentes adictos a las drogas. La obra es amplia y crece año a año.
Lo cierto es que no hay organización pública o privada que brinde más asistencia social que la lglesia Católica que, directamente y a través de fundaciones, movimientos y grupos vinculados da de comer, viste, cuida y cura a más personas en el mundo que cualquier ONG.
Esta labor no siempre se ve ni se cuenta, no es titular en los diarios ni se convierte en tendencia en las redes sociales. Y es uno de los principales destinos de las ofrendas que los fieles damos en Misa. Claro, una parte sirve para sostener el mantenimiento de las parroquias, pero otra parte importante permite construir cada vez más escuelas y hospitales, comprar medicinas y útiles escolares, contratar médicos y profesores, dar de comer a jóvenes y ancianos. Vale tenerlo en mente este domingo cuando nos acerquen la canasta de la colecta, de hecho, planifiquemos nuestra ofrenda desde antes de salir de casa, para que no nos aguerre de sorpresa buscando monedas en el bolsillo.
Finalmente -recordemos- toda esta maravillosa obra no la hace solamente el clero, sino también un gran contingente de laicos voluntarios y donantes que ponen su tiempo y recursos al servicio de los más necesitados, obrando verdaderamente como el Cuerpo Místico de Cristo. La Iglesia somos todos y el llamado a encontrar a Jesús en el rostro del prójimo es uno que busca tocar los corazones que, en esta Cuaresma, transitan el camino de la conversión a través de obras de misericordia.
Empieza tú por compartir estas cifras en tu próxima reunión con amigos o familiares, como tu primer aporte a la obra de la Iglesia en el mundo.

